Casos reales
No verás logos. Verás lo que pasa cuando una web de negocio necesita seguir funcionando.
Webs reales. Negocios reales. Problemas reales.
No mantengo WordPress de laboratorio.
Mantengo webs de las que cuelga un negocio. De ellas dependen llamadas, formularios, pedidos, reservas, alumnos, presupuestos y clientes que no saben —ni tienen por qué saber— qué es un plugin.
He trabajado con despachos de abogados, arquitectos, gestorías, tiendas online, academias, alojamientos rurales, constructoras, ingenierías, topógrafos, agencias de viajes, comercializadoras de energía, carnicerías que venden por internet y tiendas de recambios. En León, Cantabria, Galicia, Salamanca, Sevilla, Murcia, Baleares… en media España.
Cada una se rompe a su manera.
- Una tienda online no se cae igual que la web de un abogado.
- Una academia no tiene los problemas de una inmobiliaria.
- Una web de reservas no falla como un catálogo de productos técnicos.
- Y una gestoría que recibe formularios importantes no puede enterarse tres semanas tarde de que el correo no llegaba.
Por eso no trato todas las webs igual.
En unas toca vigilar WooCommerce: pagos, pedidos, stock, los correos que avisan al cliente. En otras, formularios, mapas, el botón de llamar, la velocidad, el SEO local. En otras, contenido, copias de seguridad, plugins abandonados y averías pequeñas que no se ven… hasta que cuestan dinero.
He visto de todo. Carritos que dejan de cobrar un viernes por la tarde. Copias de seguridad que estaban ahí, sí, pero que no servían. Y hostings que deciden hacer magia negra un martes a las 2:17.
Y casi siempre el patrón es el mismo: algo pequeño que nadie vigilaba, hasta que un día costó dinero. Estas son las averías, con nombre y apellido.
Doce maneras en que una web de negocio se rompe
Las he visto todas. Mi trabajo es que a ti no te toque ninguna.
El formulario funciona… pero los emails no llegan.
Dice «enviado», el cliente se queda tranquilo, y el mensaje no aparece en ninguna bandeja. Te enteras semanas después, contando los clientes que nunca te escribieron.
Una actualización rompe la web.
Le das a «actualizar todo» un viernes y media página deja de verse. Por eso yo actualizo en un entorno aparte: a tu web solo llega lo que ya funciona.
La web carga cada vez más lenta.
No es de un día: son años de basura acumulada en la base de datos. El visitante no espera; se va antes de ver lo que vendes.
La copia de seguridad existe… pero no sirve.
El día que la necesitas, descubres que estaba incompleta o corrupta. Una copia que no se ha restaurado nunca no es una copia: es un deseo.
La web se infecta sin que nadie se dé cuenta.
Código colado entre tus archivos, mandando spam o desviando a tus visitas. Lo ves cuando Google te marca como «sitio peligroso» y el tráfico se cae de golpe.
El hosting cambia la versión de PHP y algo deja de funcionar.
Un martes, sin avisarte, tu web amanece con un error o a medio cargar. Tú no tocaste nada: el suelo se movió debajo.
WooCommerce deja de cobrar bien.
El carrito parece que funciona, pero los pagos entran a medias o no entran. Cada hora así es dinero que no estás ingresando, y encima no lo sabes.
Un plugin abandonado se convierte en un agujero.
El autor dejó de actualizarlo hace dos años y nadie lo retiró. Esa es la puerta por la que entra la mayoría de los ataques.
La web se cae y nadie se entera.
Está fuera horas, o días, y el primero en avisarte es un cliente cabreado. Para entonces ya has perdido llamadas, ventas y un poco de credibilidad.
La web sigue online, pero está rota en el móvil.
Donde te ve siete de cada diez personas. En el ordenador se ve perfecta, así que nadie lo mira… hasta que faltan las ventas que tenían que entrar por el teléfono.
El certificado SSL caduca y aparece «sitio no seguro».
Ese cartel rojo del navegador espanta a cualquiera antes de leer una línea. Se renueva solo… hasta el día que no.
Nadie sabe qué se cambió, ni cuándo.
Pasó por tres manos, cada una tocó algo, nadie lo anotó. Cuando algo falla, se investiga desde cero. Yo llevo el registro: sé qué cambió, cuándo y por qué.
Mi trabajo es que nada de eso acabe siendo tu problema.
No es glamuroso. No tiene fuegos artificiales. Pero cuando una web vende, capta clientes o sostiene parte del negocio, lo importante no es que parezca mantenida.
Lo importante es que funcione.
Que el formulario llegue. Que el pedido entre. Que el cliente pueda llamar. Que la reserva no se pierda. Que la web cargue. Que haya una copia buena el día que algo falle. Que las actualizaciones no se hagan a lo loco. Y que no tengas que enterarte por un cliente de que tu web lleva dos días rota.
Eso es mantenimiento WordPress.
Lo demás es darle al botón de actualizar y rezar un poco.
Cuatro maneras de depender de una web
Tiendas online
He mantenido ecommerce donde la web no es un folleto: es la caja registradora. Ahí cada actualización se revisa con cuidado, porque un carrito que deja de cobrar el viernes por la tarde no es una incidencia técnica: es un fin de semana de ventas perdidas. Pagos, pedidos, stock, los emails al cliente, rendimiento y copias que de verdad restauran.
Webs de servicios profesionales
Abogados, arquitectos, gestorías, ingenierías, topógrafos. Webs donde un formulario perdido es un cliente perdido, y de los que no llegan casi nunca te enteras. Aquí mandan la estabilidad, la velocidad, el SEO local y que el contacto funcione siempre. No casi siempre.
Negocios con reservas, cursos o solicitudes
Academias, alojamientos, formación online, agencias de viaje. Webs con fechas, plazas, consultas, pagos y solicitudes que caducan. No pueden vivir con un plugin roto ni con un aviso ignorado durante tres semanas. Aquí el tiempo es parte del producto.
Webs antiguas que siguen dando dinero
Hay webs que llevan años funcionando y, precisamente por eso, necesitan más cuidado, no menos. Bases de datos pesadas, plugins viejos que ya nadie actualiza, plantillas delicadas, contenido acumulado y decisiones técnicas heredadas de tres manos distintas. Esas no se actualizan a martillazos. Se mantienen con oficio.
La web más antigua que cuido lleva conmigo desde 2011 — ya tiene 15 años, ha ido creciendo a la vez que mis hijos.
¿Tu web se parece a alguna de estas?
Escríbeme con la URL de tu WordPress. Le echo un vistazo, te digo lo que veo, y te confirmo si tengo hueco. Sin venderte nada por el camino.
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